¿Va a pagar en efectivo o con tarjeta? La respuesta no es baladí. De ella depende el mayor o menor dolor que sintamos a la hora de efectuar el pago.

La neurociencia afirma que al pagar se activa en nuestro cerebro el sistema de aversión a la pérdida, produciéndonos una sensación muy parecida al dolor físico. Por tanto, frases como “pagar 99,95 euros por la chaqueta me ha sentado como una patada en el estómago” no están tan lejos de la realidad, en cuanto a sensaciones se refiere. Pagar duele, y la intensidad del dolor depende del método de pago.

Si hay una cosa clara es que al pagar experimentamos, inevitablemente, una pérdida de dinero. Por tanto, vemos en el proceso de compra una pérdida inherente. Y sí, es cierto que el proceso de compra también lleva implícita una adquisición pero el ser humano valora más la no pérdida que la ganancia. El tema, ahora, está en cómo minimizar el dolor por la pérdida.

Y para esto, nada como recurrir al refranero español. Ojos que no ven corazón que no siente. Para este caso sería: Dinero que no se ve, dolor que no sientes.

 

 

La clave está en camuflar la pérdida (tarjeta) en lugar de hacerla tangible (efectivo). Al pagar con tarjeta terminas recibiendo lo que entregas, la tarjeta en sí, más lo que compras. Es decir, ganas un producto o servicio y sigues manteniendo tu tarjeta.

En cambio, al pagar en efectivo, acabas recibiendo menos de lo que entregas (en el caso de que no des el importe exacto). Ahí es cuando se acentúa el sentimiento de pérdida. Y no hay producto o servicio que te quite esa sensación de vacío.

- Son 99,95 €. ¿En efectivo o con tarjeta?

- ¿Yo? Con tarjeta.

 

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