El otro día iba paseando por Gran Vía cuando, de pronto, me vi inmerso en una especie de after a las cinco de la tarde. Mi propósito era comprar algo de ropa pero mi cerebro, al entrar en contacto con aquellos estímulos auditivos, se trasladó a la última noche de fiesta. Y claro, ya no sabía si pedir una talla 42 o un licor 43.


¿Alguna vez te has parado a pensar
en el motivo por el cuál los puntos de venta tienen música?

 

La música, especialmente la que nos engancha emocionalmente, es capaz de influir en nuestro estado de ánimo y comportamiento. La razón, según la ciencia, reside en la activación de los mismos centros de placer que responden al deseo de las drogas.

Es por ello que se utiliza en infinidad de puntos de venta para ayudar a definir la imagen de marca, al tiempo que favorece la ejecución de compra. Además, dependiendo del ritmo y volumen va a tener una funcionalidad u otra. Todo está estudiado al milímetro. Nada es casual.

Por un lado están los establecimientos que ponen música acelerada a un volumen medio-alto, como discotecas y algunas tiendas de ropa, para que aumente tu ritmo cardíaco, pierdas el autocontrol y termines comprando de forma impulsiva.

Está comprobado que cuanto más alta esté la música en una discoteca, mayor consumo en menor tiempo va a registrar. Tu cuerpo se adapta al ritmo acelerado de la música y consume acorde a él.

Además, se crean unos anclajes en el cerebro que relacionan de forma directa la música acelerada y alta con un estado placentero propio de cualquier fiesta. De esta forma, las tiendas de ropa que eligen esta variante musical se aseguran que extrapoles ese estado placentero a sus tiendas, a sus marca. “Comprar en X es un placer”.

 

 

Por otro lado están los establecimientos que ponen música lenta a un volumen medio-bajo, como los supermercados, para que disminuya tu ritmo cardíaco y todo sea más pausado. Cuanto más tiempo permanezcas en la superficie comercial, más probabilidad de que termines comprando más de lo necesario.

Y por último están los establecimientos que ponen música para crear experiencias, como las pescaderías, donde el sonido ambiente, en este caso del mar, hace que te sientas inmerso en un contexto determinado que favorece la ejecución de la compra.

En el caso de la pescadería te sentirías dentro del propio paisaje marítimo, como quien se acerca a la lonja del puerto para pujar por el pescado. Gracias a esto ves el pescado más natural y fresco, y ejecutas la compra.

A esto también habría que añadir la experiencia olfativa con aromas marinos para multiplicar los efectos deseados.

A partir de ahora, cuando entres a un punto de venta analiza el tipo de música que hay y observa el comportamiento que provoca en los consumidores antes de que comiences a actuar como ellos...

 

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