La saturación publicitaria, la irrupción de los adblockers y la hiperfragmentación de las audiencias han provocado el resurgimiento de un enfoque de comunicación no intrusivo llamado Branded Content.

A pesar de que este tipo de contenidos informativos, educativos y de entretenimiento puedan parecer algo nuevo; lo cierto es que el origen del Branded Content se remonta a principios del siglo pasado.

La Guía Michelín, Popeye o el recetario de las gelatinas Jell-O son algunos ejemplos de contenidos financiados por las marcas que aparecieron en la primera mitad del siglo XX para aportar un valor añadido al usuario y conseguir engagement y fieles seguidores entorno a la marca.

 

Fuente: Google

 

Popeye nació de un encargo de la Cámara de Productores de Espinacas de USA para fomentar el consumo de espinacas. El viñetista Elzie Crisler Segar fue el encargado de realizar la primera tira cómica del marinero, publicada en The New York Evening Journal, en el año 1929. El éxito fue tal, que Popeye terminó saltando a otros medios: radio, cine y televisión.

Los recurrentes casos de éxito que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo explican que este complemento a la comunicación publicitaria tradicional haya ido sobreviviendo, ganando adeptos y consolidándose como una estrategia clave para enlazar con el target.

Actualmente, marcas como Red Bull, Lego, Vodafone o Estrella Damm han hecho del Branded Content su principal valor diferencial: el salto desde la estratosfera de Felix Baumgartner, patrocinado e ideado por Red Bull; la película “The Lego Movie”, financiada por Lego; Vodafone Yu o el corto “La vida nuestra”, de Estrella Damm, les ha permitido transmitir sus valores al tiempo que han generado notoriedad, diferenciación y afinidad hacia su marca.

 

“Los clientes ya no son consumidores a los que impactar interrumpiéndoles.
Son fans cuyo interés debes ganarte”

Javier Regueira
(Vicepresidente de Formación y Eventos de la BCMA Spain)

 

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